El pensamiento de Platón se enmarca en un período muy convulso en Grecia. El siglo V a. de C. comenzó con el enfrentamiento entre los griegos y persas desembocando con la victoria griega que supuso una hegemonía política y económica de Atenas. A mediados del siglo V a. C. (época de Pericles) se convirtió también en el foco cultural del mundo griego.
Pero, después de la guerra del Peloponeso y con la victoria de Esparta (404 a.C.), se implantó la dictadura de los Treinta Tiranos, a la que sucedió una democracia, pero corrupta, que condenó a muerte a Sócrates. La inestabilidad política de hace notar sobre los efectos de la decadencia económica y no se emprenden grandes proyectos como los llevados a cabo en el siglo anterior (el Partenón y el Erecteión de la Acrópolis, por ejemplo).
Sobre el año 404 a. C. se produjo en Atenas el Gobierno de los Treinta Tiranos, en el que participaron algunos familiares suyos. Platón confiaba que ese período fuera de justicia, pero fue más bien todo lo contrario: la injusticia fue el modo de gobierno que se dio. Unos tres años más tarde, los atenienses derrocaron esa tiranía y establecieron la democracia. El año 399 a. C., con este nuevo sistema de gobierno democrático, se condenó a Sócrates por «impiedad pública respecto a los dioses, y corrupción de la juventud». Traducido a hoy en día, eso significa que Sócrates defendió que cada uno pensara por sí mismo.


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